Publicado En: Mie, jul 9th, 2014

Más de 50 muertos en Gaza durante los dos días de ofensiva de Israel

Las radios de Gaza daban el miércoles exaltados partes de guerra sobre los cohetes de Hamás que, según insistían las ondas entre fanfarria y fanfarria, ya habían alcanzado la distante localidad de Haifa, más de 100 kilómetros al norte de la frontera entre la Franja e Israel.

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Aunque según el Ejército israelí los proyectiles se quedaron a unos 40 kilómetros de Haifa, sorprende la nueva capacidad bélica desplegada por Hamás en esta fase de las hostilidades. Los cohetes sólo han causado heridas leves a dos personas, en parte gracias al sistema defensivo Cúpula de Hierro. Pero en las calles vacías de Gaza sólo se percibía el miércoles rabia, dolor o hasta una resignación mineral mientras los misiles israelíes golpeaban la ciudad varias veces cada hora. Ni asomo de triunfalismo. La noche anterior, confirmaban muchos, “fue la peor en años”. Lo certificaban docenas de cráteres y de casas reventadas por toda la ciudad.

La familia Hamad puso seis de los 53 muertos que se han cobrado los bombardeos israelíes por mar y aire contra la franja de Gaza desde la madrugada del martes. Horas antes de que sus parientes llenasen su casa en Beit Hanun para darle las condolencias, el anciano Mohamed había perdido a su mujer, a tres hijos y a una nieta en un bombardeo que también mandó al hospital a otro nieto de tres años. En su jardín se veían el miércoles restos del pequeño proyectil que, con la precisión quirúrgica de la que alardean los militares, le había extirpado media familia. El juego de té que usaban hasta la explosión seguía desperdigado entre sangre seca y plantas de jardín. Uno de sus hijos muertos, Hafez, militaba en la Yihad Islámica. Hamad se encoge de hombros: “¿También mi nieto de tres años y mi nieta de 22? Pagan los civiles”. Conversaban, dice, bien entrada la noche tras romper el ayuno de Ramadán. Hace un gesto cansado ante la mención del supuesto uso de niños como escudos humanos: “Esto es el jardín de mi casa”.

Unos kilómetros Gaza adentro, en el barrio de Zaitun, Mayed al Zabut contaba a mediodía cómo los israelíes le habían llamado por teléfono en mitad de la noche para que desalojara su casa, ahora un montón de escombros. Lo ha perdido todo, explicó. De pronto, el bramido de un gran cohete palestino disparado entre las casas a unos 100 metros puso en fuga a los adultos, por temor a un contragolpe inmediato de la aviación israelí. Los niños, en cambio, salieron en tromba hacia la lanzadera.

En Israel acusan a Hamás de ocultarse entre civiles para que cada respuesta militar cause víctimas inocentes. En los 360 kilómetros cuadrados de Gaza viven más de 1,8 millones de personas. Toda la Franja tiene la densidad de población de una gran ciudad. Se diría, entre bombardeo y bombardeo, que las calles de la Gaza en guerra son de los niños y de los muchachos jóvenes, que parecen no temerle a nada. Se arremolinan al borde de los tremendos cráteres poco después de cada explosión y celebran los lanzamientos de misiles como jugadas del Mundial de fútbol. En la Franja, el paro supera el 65% y la pobreza castiga al 90% de la población. Según explicaba en su oficina de Gaza el activista palestino Raji Surani, “la vida aquí es catastrófica desde 2007”, cuando empezó el cerco israelí a la zona, que había quedado bajo control de Hamás tras la breve guerra civil que dividió los territorios palestinos.

La segunda matanza de civiles del día fue en el barrio de Askola, donde Mahmud y Abdelkarim Malaka sacaron muertos a sus primos Amina y Mohamed, de 28 y tres años, de las ruinas de su casa arrasada. Por la tarde, los muchachos se afanaban en rescatar pollos vivos de entre los restos del gallinero. Otros tres parientes están en el hospital de Al Shifa, en Gaza. El jefe de los servicios de emergencia, Ashraf al Kidra, explicaba allí que “quedan dos o tres días para que la situación sea insostenible” en las clínicas de la zona, cuyas reservas de medicinas están al 30% y las de material quirúrgico, al 50%.

El activista Surani pide que se evite “evaluar la situación en términos de matemáticas militares”. El alcance de los cohetes de Hamás es “irrelevante ante la abrumadora superioridad israelí”. Cree que los palestinos tienen otras posibilidades de revuelta “para salir de una opresión peor que antes de la segunda Intifada”, que empezó en 2000.

Mientras, en el exterior se oía una corta salva de misiles israelíes, el letrado comparó la ocupación militar con arenas movedizas: “El que se mete se hunde más con cada movimiento que haga”. Lo peor de todo, remachó, “es el hundimiento moral”.